domingo, 1 de noviembre de 2009

Una reflexión en flash.

Simple descripción de una persona común o no.


Dos grandes zafiros me miraban los días que me amaba, profundos, a veces grises cuando demostraba indiferencia, pero brillosos. Cuando estaba feliz, eran malaquitas, diáfanos, redondos como la luna en plenitud, y brillaban con una intensidad abrumadora que podría opacar a cualquier piedra preciosa existente o no. Mirada punzante y cariñosa, aun que se esmeraba en no trasmitir, nunca le salió muy bien que digamos. Cejas levemente arqueadas, azabache como tantas otras. Intachables ojeras a causa del desgaste, le daban su toque de personalidad. Pómulos pronunciados con leve toque rosado.
El pelo bien para mí, largo para ella, en caída hasta la altura de las vértebras torácicas. De color ónix pero más brilloso, con vida. Lacio. De seda talentosa, mi debilidad, confieso.
Nariz respingada, chiquita, muy chiquita. Hermosa de perfil, más que hermosa de frente.
Boca grande de dientes asquerosamente perfectos por donde los mires. Labios finos, delicados, alargados, esplendorosos, extremadamente suaves y deliciosos, dulces pero no empalagosos, cálidos, en ocasiones con sed, adictivos, mí éxtasis. Muy difícil de abandonar una vez que los probás, recomiendo no hacerlo.
Manos de tisú. Estas, finas y pequeñas. Expresivas por naturaleza, únicas. La palma, dividida por trazos que forman una perfecta ¨M¨. Uñas pintadas o no, siempre cuidadosamente según la ocasión lo amerite.
Alta, elegante, de postura determinada, segura de ella misma. Piernas largas y delgadas, impecables. Caminaba con delicadeza, con fuerza, con toda la gracia del mundo. Aun que en ocasiones torpe, cuando corría. Pero no dejaba de ser hermosa para mí. (Totalmente seguro que no te das ni te diste cuenta nunca). Aura arrasadora y preponderante.
De eso, ni mucho ni poco, lo ideal según yo, como siempre me gustaron y hoy en día me siguen gustando así. Lo otro perfecto. Aun que no todos pensaban lo mismo.
Chica de folklore y mates. Misteriosa, muy autodidacta, diferente e interesante, ciclotímica al extremo, incluso más que varias personas que conozco. Poco demostrativa. Muy sensible, desconfiada y difícil de complacer. De sublime inteligencia. Admirable por donde se la mire, provoca eso frente a las demás, tal como una diosa. Sin lugar a dudas puede ser la entelequia de Atenea tanto por su sabiduría como por su belleza, y muchas otras cosas más, no me cuesta mucho creerlo.
Un conjunto en armonía para su anatomía perfecta de pies a cabeza.

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